Gallardón, por mi mismita y Fotochop
Pero entre las creaciones de Yahvé, el capullo de rosa era el más astuto. Dijo a Esperanza Aguirre: “¿Cómo es que Dios os ha dicho que no comáis de ninguno de los árboles de la casa de campo?” Respondió la mujer al capullo: “No si comer, lo que es comer, sí que podemos. Mas del fruto del árbol que está en el centro del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, bajo pena de muerte”
Replicó el capullo a la mujer: De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él se os abrirán los ojos y seréis como dioses, encontrareis el centro, compensando la izquierda y la derecha, y ganareis carisma y el favor de los no extremistas.”
Y como vio la mujer que el árbol era bueno para comer, con sus madroñitos y sus hojitas, apetecible a las vista y excelente para encontrar el centro, tomó de su fruto y se dirigió a Gallardón: “Oye, guapetón, ¿te apetece un poco de madroño? Dicen que si lo comes encontrarás el centro” Contestó, pues, Gallardón a Esperanza: “Suelta la fruta, bicha, que me la como ya mismo ¡Voy camino del centro! Si Aznar lo hubiera sabido antes…” y comió. Entonces se le abrieron los ojos a Gallardón “Oye, Espe, sabes que vamos en pelotas” Respondió la mujer “En pelotas irás tú, yo voy con ropa de Ágata Ruiz de la Prada, que es amiguita mía”
Gallardón cosió hojas de higuera y se hizo un taparrabos.
Oyeron luego el ruido de los pasos de Yahvé Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, y Gallardón y Esperanza se ocultaron de la vista de Yahvé por entre los árboles de la Casa de Campo. Yahvé llamó al hombre y le dijo “Sé que comiste del árbol del centro” Gallardón contesto: “¿yo? No, no he comido nada de ese ni de ningún árbol… mira, si hasta me estoy quedando en los huesos” Yahvé se enfadó:” ¡Y encima te atreves a mentirme! ¡Pero si tienes restos de madroño en la cara!” “Vale, sí que comí, pero porque Esperanza me obligó, ella me dio de comer del madroño y comí” Dijo, pues, Yahvé Dios a la mujer: “¿Por qué lo has hecho?” Ella respondió: “El capullo me sedujo, y por si estaba pocho el madroño, se lo di a probar antes a él”
Entonces Yahvé Dios dijo al capullo: “Por haber hecho esto, maldita seas entre todas mis creaciones. Enemistad pondré entre ti y la mujer. Te arrancará y la encantará contemplarte muriendo en un florero. Además tu nombre se usará también para nombrar al extremo del hombre por donde sale pis, y a la mujer le encantará pegar patadas a tu nombre”
A la mujer le dijo: “Haré tantas tus fatigas cuantas sean tus entrevistas. Quedarás como tonta ante la prensa madrileña y nacional, y confundirás hombres ilustres con mujeres desconocidas, y de tu mente desaparecerá la palabra moderación. Te llamarán Espe porque no impondrás ni autoridad ni respeto. Por no haber comido del madroño, aún puedo moldearte, así que te condeno a la extrema derecha.”
Al hombre le dijo: “Por haber escuchado la voz de la mujer y comido del árbol del que yo te había prohibido comer, maldito sea el suelo por tu causa. Serás rechazado por tus compañeros de partido por ser demasiado de izquierdas, y serás rechazado por la oposición por ser de derechas. Andarás solo en la alcaldía, y te quemarán todos los años en las fallas. Y te cargarán con las culpas de todos los atascos y problemas que se formen por las calles. Y serás odiado por tu obsesión enfermiza por hacer obras y levantar el suelo.”
Y, habiéndoles expulsado Yahvé de la Casa de Campo, colgó sus fotos en el corcho de “No admitir”, que para eso Yahvé tiene reservado el derecho de admisión, y puso delante de la Casa de Campo chulos con navajas oxidadas con sida, para guardar el acceso.
Marchando hacia la puerta del sol, Gallardón miró a Espe y le dijo: “¿Has leído a Saramago?” La mujer contestó: “Sí, es una escritora muy buena, y me siento orgullosa de que le den prestigiosos premios Nobel a una mujer como ella.”
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